—¿No está mal hablar mal de la gente a sus espaldas?
Magnolia sintió al instante un escalofrío en la espalda y se dio la vuelta para ver al apuesto hombre apoyado en el marco de la puerta, mirándola.
Tampoco esperaba que la pillara en el acto.
Exprimió una sonrisa, —pues, un buen médico siempre tiene su temperamento.
—Magnolia, no tienes que hablar en serio, él es así.
David le dio una palmada en el hombro, —Por cierto, Magnolia, salgamos a cenar esta noche, es raro que venga a Ciudad Norte una