Alexandra no quería decirle a la señora Vargas que estaba Magnolia embarazada, porque le preocupaba que si aceptara a Magnolia por el bien del niño, y ella no tendría ninguna posesión en la familia Vargas.
La señora Vargas tembló de ira, —Magnolia Fernández, por fin has mostrado tu verdadero objetivo. Te lo digo, que no sueñes despierta, eres pobre, ¡no eres digna de mi hijo en absoluto!
—¡Tu hijo no se la merece!
Alicia se levantó para defender a Magnolia, —ni siquiera tienes tarjeta de socio,