Ricardo bajó la ventanilla y vio con mirada fría al hombre y a la mujer abrazados por allí.
Julio, el copiloto, se sorprendió, —¿No es el doctor David Ruiz?
El hombre respondió con voz seria, —No soy ciego, no necesito que me lo recuerdes.
Retiró la mano en la puerta del coche lentamente.
En la entrada del barrio, Magnolia casi se cayó por la multitud, por suerte David llegó justo a tiempo, estaba muerta de miedo.
Si aquí se producía una estampida, el bebé correría peligro.
David también se sobr