Después de dudar durante un tiempo, Magnolia decidió finalmente no contestar la llamada que podría traer noticias desagradables. Sin embargo, el celular seguía sonando sin parar, como si estuviera empeñado en perturbar su paz. Suspiró y, sin más remedio, presionó el botón para contestar. —¿Qué onda?
—¡Maldita chica, ¿qué estás haciendo?! ¿Por qué no contestas mis llamadas? ¿No sabes que es urgente?
Magnolia hizo una mueca y preguntó con frialdad: —Dime de una vez, ¿qué quieres?
En el otro extrem