Llegó desde la puerta una voz fría y profunda, rompiendo el ambiente de la oficina.
Magnolia se volvió y vio al hombre parado en la entrada, su alta figura bloqueando la luz exterior, pero su corazón se aceleró de una forma poco habitual.
Ricardo entró desde afuera, con una presencia imponente.
El director preguntó rápidamente: —¿Señor Vargas, qué le trae por aquí?
—Vine a explicar —respondió Ricardo sin expresión mientras lo miraba—, el carro en la foto es mío.
La sonrisa del director se congel