Magnolia vio la mirada de sorpresa de Yolanda y se lo esperaba.
Acarició las cabezas de los dos niños pequeños, —sí, volvemos para visitarte.
—Qué sorpresa, me alegro.
Yolanda se secó disimuladamente su lágrima, mirando a los dos niños como si recordara cómo era Magnolia de pequeña.
Yolanda estaba tan contenta por la llegada de los dos niños y sacó casi todos los aperitivos, y le dijo a Magnolia refunfuñando, —La culpa es tuya por no habérmelo dicho con antelación, para que hubiera podido compra