Las palabras de Luisa dejaron helados al presidente y a Rosalía, como si se preguntaran si habían oído algo mal.
No esperaba que la actitud de Luisa cambiara tan rápido.
Luisa dio una palmada, luego miró al mayordomo que estaba a su lado y le dijo, —Puedes subir los regalos que he preparado.
¿Un regalo?
Cuando Rosalía vio salir al mayordomo, un destello de alarma apareció en sus ojos mientras miraba a Luisa y le decía, —¿Qué demonios quieres?
No pensaría que Luisa era tan amable como para prepar