La señora Vargas señaló la nariz de Rosalía y maldijo, —¿un hijo tuyo merece formar parte de la familia Vargas? Jamás reconoceré su existencia mientras viva yo. Todavía quieres cooperar la familia Vargas, ¡estás soñando despierta!
En este momento la señora Vargas había perdido completamente la postura de una noble, como una arpía.
Rosalía contestó sin mostrar ningún signo de debilidad, —¿sí? Es una lástima que la salud de mi marido no fuera muy buena, y que luego tuviera un pequeño accidente y f