De nuevo esa risa histerica y maniática retumba en los oídos de Alessia, quien sostiene el celular con demasiada fuerza y sus manos tiemblan sin control.
-¿Crees que la soltaré así sin más? Oh, para nada... y ¡lo siento por llamarte y molestarte con todas estas cosas!-dice una disculpa falsa-. Es que no encontré el número de Paul, y vi que tu número estaba anotado en el refrigerador, pero oh, vaya, ¿qué como sabía que era tu número? ¡Fácil! Te escuché hablando con mi querida hermana gemela, di