Punto de vista de Antonio
Regresé a la casa después de dictar la sentencia de muerte a los dos hombres que habían recorrido kilómetros, abandonado su manada y todo lo que pudieron decirme fue que yo estaba destinado a perder.
Seres patéticos.
—Amelia, ¿no te envié a hacer un encargo? —pregunté al entrar al salón y ver a Amelia y a Damien jugando piedra, papel o tijera.
—Sí, lo hiciste —respondió simplemente y volvió al juego, lo que me irritó aún más de lo que ya estaba.
—¿Y entonces qué estás