Nieves, al ver a mis padres y a mi hermano, esbozó una sonrisa triunfante en el borde de sus labios. Sabía que Nieves consideraba que sin mí, ella sería la persona más favorecida en casa. Durante la pausa media, Nieves acarició el brazo de mi padre con coquetería.
—Papá, mamá, y Diego, me alegra que hayáis venido —dijo ella, sonriendo.
En el podio, Nieves levantó su medalla con una sonrisa. Frente a la entrevista de los periodistas, su sonrisa era dulce.
—Hoy no sería posible sin el apoyo de mi