Jenna
La tarde siguiente apenas podía quedarme quieta. Todo el día tuvimos que actuar con normalidad frente a papá y mi nueva madrastra. Sonreímos durante el almuerzo y hablamos de la escuela y la universidad, pero cada vez que Ethan me miraba al otro lado de la mesa se me calentaba la cara. No dejaba de recordar el ático de ayer: la sensación de sus labios, la forma en que su cuerpo se presionaba contra el mío. Le echaba miradas furtivas cuando nadie nos veía, y él hacía lo mismo. El corazón n