Chloe
Todavía temblaba en la cama de Alex después de ese orgasmo enorme con sus dedos. El coño me hormigueaba y estaba mojado, como si brillara por dentro. Estábamos en su habitación, solo los dos, porque mamá y papá se habían ido pronto al trabajo. La casa estaba en silencio total, lo que hacía que todo se sintiera más grande y más aterrador. El corazón me latía tan fuerte. Alex me miró con esos ojos cálidos y me tocó la mejilla con suavidad.
—Chloe, nena, te has corrido tan bien para mí —dijo