La presencia del príncipe Menkat en el palacio de Paser se hizo tan habitual como el sol del mediodía, y Nefertari lo sentía igual de agobiante. Su típica arrogancia ahora venía con una actitud posesiva que la asustaba. Sus ojos ahora la observaban con una intensidad que la incomodaba como si buscaran algo malo en ella.
Una mañana mientras Nefertari arreglaba unas flores en el patio, Menkat apareció de repente haciéndole sombra. Para su sorpresa, no traía a su gente.
—Mi querida prometida —dijo