Daniel.-
Las risas en el comedor resonaban por toda la mansión, los hijos de mi amigo con sus ocurrencias alegraban la cena olvidando el desastre y la tensión de lo que ocurría en el exterior, no dejaba de observar al pequeño Diogo que parecía disfrutar de la calidez que ofrecía la familia de Derek, pero también la incomodidad de Emily que solo probó no más de dos bocados y sonreía cada tanto de manera mecánica y sincronizada para que no lo notaran.
— ¡Bien hijos míos! –Anna alzó la voz y con u