A veces, desearlo con todo el corazón. No es suficiente.
—¡Lo estás haciendo mal! ¡Otra vez!
Alastor se tragó un gruñido de molestia, con un brazo encima de sus ojos. Ya perdió la cuenta de las veces que cayó al piso de parqué, sin poder realizar correctamente su coreografía. Estaba tumbado de espaldas, jadeando de cansancio. Sudaba a mares y la vista ya se le emborronaba.
El coreógrafo gritaba a un volumen que debería ser ilegal y ser considerado polución sonora. Era un sonido peligroso para