—¡Ah! ¡Al fin te encuentro, Evan!
Evan giró ante la voz de su prometida, solo para abrir la boca y que la mandíbula se le caiga hasta el suelo ante semejante vista.
Abbey se retorció ante la mirada hambrienta y casi salvaje de Evan. La miraba con tanta atención que podría jurar que el hombre podía ver incluso los más recónditos miedos de su memoria.
—Sabes. De alguna manera la abuela me obligó a cambiarme de ropa de nuevo...
¡Su mujer se veía tan hermosa, tierna y sexy! ¡No podía con tanta bell