NARRADO POR EZRA VARDAN
Me quedé mirando la carpeta entre las manos de mi madre, sintiendo cómo cada segundo de silencio se estiraba con una tensión que amenazaba con quebrar algo mucho más profundo que cualquier negociación corporativa que hubiera enfrentado antes. A mi lado, Bianca no había soltado mi mano ni un instante, y cuando finalmente me atreví a mirarla de reojo, no encontré en su rostro ni sombra de la duda que Victoria claramente esperaba haber sembrado.
—¿Eso es todo? —preguntó Bia