NARRADO POR EZRA VARDAN
La sala de juntas del extranjero tenía el mismo mármol frío de siempre, pero esta vez no había murmullos, ni miradas cargadas de sorpresa. Solo el silencio administrativo de quienes ya habían tomado una decisión y solo esperaban el trámite final para cerrar el expediente.
Me senté frente a los directores legales sin que nadie me lo pidiera. Ya no tenía sentido quedarme de pie, fingiendo una autoridad que la junta me había retirado dos días atrás.
—El pliego de liquidació