Mundo ficciónIniciar sesiónQuito- Ecuador
Sentado en el parque metropolitano Guido, con la ropa sucia y desgastada esperaba al padre Alejandro, quién apareció después de varios minutos.
—Guido, buenos días —saludó el sacerdote, con dificultad pudo reconocer a aquel hombre, pues no era ni la sombra de la fotografía que Paloma, le había enviado.
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