Daemon
Había llegado un poco tarde, pero no tanto como para que me nieguen la entrada al dichoso lugar, al ingresar me dieron un antifaz, cosa que agradecí porque me evitaría que me reconozcan, aunque ese no sería el problema, sino como haría yo para reconocer a Daniel entre la multitud, cuando llegue al salón me costó acostumbrarme a la luz brillante, a la música alta y a los gritos incesantes llena de morbosidad, pues había una chica bailando, entreteniendo al público y otra con un micrófono