80 - Sentimientos colapsados.
El reloj en la pared marcaba las diez de la mañana con un leve tic-tac que resonaba en la oficina de Alejandro, una habitación amplia y luminosa, pero que en ese momento parecía más pequeña, más asfixiante. Frente a su escritorio, de pie en una postura tensa, Clara sostenía un sobre blanco. Su rostro estaba pálido, pero su mirada era firme. El silencio entre ellos era denso, cargado de emociones no dichas, de palabras atrapadas entre suspiros contenidos.
Alejandro, sentado en su silla de cuero,