No era la primera vez que Kate había sido herida y su sangre brotaba de su piel abierta de esa manera. Conocía bien ese dolor. Un dolor que pertenecía a su pasado y que aún hoy la aterraba. Tener la piel abierta en miles de heridas que cuando cerraban las volvían a abrir era una sensación bien desagradable.
Sintió que su cuerpo entero se estremecía mientras los fragmentos de vidrio terminaban de caer al suelo. El grito de una mujer cerca de ellos le hizo reaccionar y ponerse alerta. Se giró sin