El día de la boda de la Dra. Emma Miller y el Dr. Nick Brown no fue un cuento de hadas; fue una intervención quirúrgica de alta precisión, orquestada por el novio con la frialdad de quien extirpa un tumor. No hubo espacio para el caos, ni rastro de amor, ni una sola imperfección en la logística. Fue, desde el primer acorde del cuarteto de cuerdas hasta el último brindis, una mentira elegante y costosa.
Nick había reorganizado la ceremonia en un tiempo récord de setenta y dos horas. Con una efici