La belleza de Amir, el peligro en sus ojos, y la autoridad en su voz, lo hacían un hombre sumamente peligroso para cualquier mujer, aunque claro que, la mayoría de las mujeres entendía con claridad cuando Amir les decía, “Estoy casado, y locamente enamorado de mi esposa”, pero había otras, un mínimo, que se creían con la suerte de poder tentar al diablo, como si eso fuese posible, y en este caso una de ellas estaba en esa oficina.
Kaan la reconoció aun estando de espaldas, cabello rubio largo o