Nammi sonrió abiertamente mientras se ponía de pie, porque lo único que podía hacer Ahmed era abrir sus ojos con desmesura, solo para reflejar el pánico en ellos, mientras la pelinegra tomaba entre sus manos una tableta que estaba a un lado y le daba volumen al video que estaba reproduciendo una transmisión en vivo.
—Aunque para que veas que tan benévola soy, te concederé más información de la que mereces, eso si, debo advertirte que es un secreto, y eso es que no solo soy la dama de la reina,