Jen Saldaña
Miami
Nos quedamos pensando los dos, así abrazados como debió ser desde siempre, el pasaba su mano por mi brazo y yo me abrazaba más a él. Me gustaba su olor, metí mi cara entre su cuello y su hombro, era como si su aroma me pusiera loca. Creo que le llaman feromonas.
–Será un niño muy amado. – Dije dándole un beso en el cuello.
Se me erizaba la piel, desde que lo vi por primera vez me gustó demasiado y ahora estamos aquí a punto de tener a nuestro primer hijo, y también apunto de c