Jacob Smirnoff
New York
–No seas rencoroso, hijo.
Apenas escuché que dijo mi madre al ver que no le respondí a eso último que dijo. Algo tan simple lo engrandecían, eran muy ilógicos, si su eslogan era el de siempre apoyar a la familia.
Al salir de la suite, me dirigí al consultorio, en el camino estuve a punto de caer, de repente me dio un mareo que me tuve que sostener de una maceta a la salida, esperé a que se me pasara el mareo y avancé decidido. Nada me iba detener, saldría de la consulta