Jacob García.
Miami
Nos subimos al auto y de inmediato comenzaron los sermones, los estaba esperando por cómo me miraba mi tía desde el espejo retrovisor. Con esos ojos tan parecidos a los de mi papa. No por nada eran hermanos mellizos.
–No es posible que no le hayas respondido ni las llamadas, ni los mensajes a tus padres. – Comenzó por decir.
–Lo tenía sin pila, tía. – Era una buenas excusa pensaba yo, así que se lo enseñé. – No era mi intensión.
–Ese no es motivo para no conectarlo durante t