Brian.-
Observo mi reloj, con mi mejilla apoyada sobre mi mano, han pasado diez minutos y Ángelo no deja de reírse.
— ¡Lo siento, es solo que…! Me hiciste la noche –se limpia las lágrimas, al ver mi rostro serio su sonrisa desaparece–. pensé que me estabas jodiendo.
— ¡¿Cuándo soné como si estuviera haciendo un chiste Ángelo?! ¿Y me llamas a mi idiota?
— Ósea que Julia te pidió que la… conquistaras
— Sí, quiere flores, chocolates en forma de corazón, cenas románticas ¡yo no sé nada de eso! –