La sala ya estaba llena cuando llegaron.
No bulliciosa. No ruidosa.
Solo… esperando.
Filas de sillas miraban hacia la larga mesa pulida al frente. Los gerentes senior se sentaban más cerca, los jefes de departamento a su lado, el resto del personal ocupando el espacio en pequeños grupos silenciosos. El aire vibraba con una curiosidad contenida, del tipo que se siente bajo la piel más que en el sonido.
Mia se detuvo justo dentro de la puerta, invisible por un latido.
Lo sintió entonces—el peso d