Diego se vio obligado a regresar a la posada en transporte público, un autobús. Anochecía; se calculaba que llegaría a la posada cuando ya estuviera oscuro.
Deberían ser unas vacaciones divertidas, pero parecía que Diego tendría que armarse de paciencia. Tenía que resolver este asunto. Después podría divertirse.
Poco a poco, Diego buscaría una solución. Una de ellas era ablandar a Katerina. David tampoco había dado señales. Ya había pasado el tiempo estimado. "¿Qué demonios estará haciendo?" ,