POV de DIego
La lluvia golpeaba los ventanales como si quisiera entrar a desgarrar la calma falsa que reinaba en la sala. Pero dentro de mí, no había calma. Solo un torbellino de emociones sin nombre que me arrancaban el aire del pecho cada vez que pensaba en ella. En Adriana.
Llevaba horas caminando en círculos, con el teléfono en la mano. La conversación con su madre seguía repitiéndose en mi mente, como un eco maldito que no podía callar.
“Aléjate de mi hija, Diego. No quiero que te acerques