Charlotte se había quedado sin habla también, pero en medio del desconcierto y el furor su mente trabajó rápidamente, en especial al ver a Charlene parada detrás de Reginald con la cara de sorpresa por haber escuchado las palabras de Reginald con toda claridad.
Se levantó como movida por un resorte y le pasó el brazo por los hombros a su hijo en actitud protectora.
—¡Por supuesto que no son tus hijos, desgraciado! —le gritó con furia— Ellos no hubieran podido ser hijos de un estúpido como tú.
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