El alocado ritmo del corazón de Charlotte volvió de nuevo, y junto con él el deseo imparable que comenzaba a nublar sus sentidos de nuevo, y ahora más, porque la mano de Brian levantó un poco su vestido hasta que tocó la ardiente piel de su pierna.
Por allá, en el fondo de su mente, su parte racional trataba desesperadamente de decirle que se detuviera, que detuviera a Brian, porque en cualquier momento alguien podría entrar en esa parte del jardín y los vería en tan comprometedora postura.
Per