Pero no todos los que miraban a la pareja con sus hijos sonreían por ello, un par de ojos inyectados en sangre, turbios por los efluvios del alcohol y una vida disipada, los miraban con rencor.
Reginald Taylor despegó su cuerpo de la columna que lo medio ocultaba a la vista de los demás, y desde donde había estado viendo las conversaciones de Charlotte y Brian primero, y luego cuando llegaron los muchachos y se marcharon juntos a pasear con Brian.
La torva mirada decía todo sin palabras, Regina