Parte 10...
Ana
Dios mío, estoy sorprendida con lo que veo. El atardecer se dibujaba en el horizonte, pintando el cielo con tonos suaves de naranja y rosa, a medida que Matteo se acercaba a la entrada del hotel que ni siquiera imaginaba que sería tan lujoso.
Nunca antes había experimentado algo así, y siento una admiración ante la grandeza y belleza de este lugar. Las palmeras se mecían suavemente al ritmo de la brisa marina, creando una atmósfera de tranquilidad que contrastaba con el bullicio