Parte 9...
Matteo
La tarde estaba caliente, casi sofocante. El tráfico en la ciudad era horrible, e incluso desde aquí arriba, resonaba allá abajo. No encontré a Ana en la sala o la cocina, así que solo podía estar en nuestra habitación. Entré y fui directo a la terraza, y allí estaba ella.
Sentada en una silla de mimbre, con una blusa ligera de seda que resaltaba su delicadeza. No sé cómo no me había dado cuenta antes. Estaba relajada, balanceando sus pies descalzos perezosamente mientras hoje