Me tropecé cuando escuché lo que dijo, pero el hombre a mi lado me apoyó. Hice lo mejor que pude para recuperar la concentración y me fui apurada con Leo. Leo no cerró la puerta del coche después de que entramos al coche. Pregunté perpleja: “¿Por qué no nos vamos?”.
Leo respondió: “El Sr. Schick está caminando hacia aquí y también quiere ir al hospital. Aparte de eso, creo que él quiere ir al hospital con usted”.
Ordené: “¡Cierra la puerta!”.
Leo vaciló: “Jefa, yo…”.
Leo sirvió una vez a las