"Zachary, eres muy apuesto".
El hombre era fuerte y alto. Aunque tenía puestos unos tacones de unos siete u ocho centímetros de altura, sólo podía alcanzar su barbilla. Pero cuando él bajó la mirada y quedé a la altura de sus ojos, casualmente caí en la trampa de su profunda mirada. Quedé sumida dentro del mar de amor que sentía por mí.
Me acerqué a él y le toqué la mejilla. "Tengo muchas ganas de llorar".
De repente, Zachary me quitó el anillo del dedo.
No me importó; nada me importaba en a