Una vez Lucas terminó de vomitar, volvió a entrar en el coche. Parecía mentalmente agotado.
Me sorprendió cuando se acostó y apoyó su cabeza en mis muslos. Durante los últimos días, nos habíamos mantenido alejados el uno del otro. Ni siquiera me permitía tocarlo con los dedos cuando lo ayudaba a cambiarse.
A pesar de ello, de repente se recostó sobre mis muslos. Cerró los ojos con fuerza y siguió durmiendo.
Observé su apuesto pero cansado rostro y no pude soportar apartarlo. Además, no tenía