“¿Savy?”, volvió Alexander a preguntar. Él y Savannah fueron de sentarse frente a una mesa redonda a unirse al baile lento en el centro del campo.
Los rulos rojos de Savannah volaron con el viento, su rostro ligeramente pintado con pecas se sonrojó. Obligándose a mirar a Alexander, respondió: “Alex, tengo miedo”.
Al recostar su frente contra la de ella, dijo en voz baja su nombre: “Savy, yo…”.
“Pero sé que me arrepentiré si no lo intento de nuevo”, respondió finalmente. “Así que sí, quiero vo