De vuelta en la ciudad de Braeton.
En el interior de su dormitorio, Kate estaba abrazando a Carlos número dos. Tenía sus brazos y piernas alrededor del enorme oso, y su rostro acariciaba su cabeza. Si no hubiera sido por Carlos número dos, a Kate le habría costado dormir, especialmente después del tiroteo en París. Tenía que admitir que el regalo de Carlos fue algo efectivo para reemplazar su ausencia.
Oyó sonar la alarma, pero la ignoró, hundiendo la cara en la suavidad del peluche. Sus ojos