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Capítulo ciento ocho 

—No soy una discapacitada, Wade —sonríe y dirige su vista a todos—bien, ¿en qué les puedo ayudar? —sus ojos brillan. 

—Nosotros queremos disculparnos por la actuación de allá abajo el día de ayer, Sara. Estábamos agitados por todo que no nos dimos cuenta de su mal estado y lo sentimos—las sobrinas de nana agachan la cabeza. 

 

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