Dave la condujo por el pasillo, dobló la esquina y, una vez que estuvieron fuera del campo visual de los empleados, le soltó la mano de manera abrupta.
Amaris ladeó ligeramente la cabeza, se irguió y le lanzó una mirada penetrante, con una sonrisa apenas perceptible.
'Dave, ¿estás enojado conmigo?', preguntó, con un leve matiz de hilaridad en la voz.
'No', respondió él secamente, sin mirarla.
Amaris contuvo las ganas de sonreír al tiempo que él lanzaba resoplidos y aceleraba el paso para ad