Darren.
Estaba trabajando en unos papeles cuando mi madre entró en mi oficina. Como Alfa, tenía mi propia oficina en la manada.
A diferencia de Sebastian, que además de ser Alfa también tenía un horario de nueve a cinco, yo no tenía eso. Mi trabajo diario era el de Alfa y eso era todo.
No era multimillonario como él, pero no me iba mal. Quiero decir, ser multimillonario tampoco era tan malo. Mi dinero provenía principalmente de inversiones.
“Hola, mamá”, le digo, levantándome de mi silla y c