No podía entender por qué Sebastian insistió en que asistiera a esta farsa, pero ya estaba harta. Si no me iba tenía miedo de que perdería el control y masacraría a todos en la habitación.
Llevó a Sebastian a un lado. “Me voy”, digo.
“Red…”, va a decir algo pero lo interrumpo.
“No, Sebastian, ya estoy harta. No me quedaré de brazos cruzados y dejaré que me falten el respeto cuando no hice nada malo”. Siseo.
El dolor y la ira se mezclaron dentro de mí.
“Sabes que ni siquiera sé por qué la tr