Ver a Enzo tan herido, lleno de sangre y con esos tubos de plata enterrados en su cuerpo me revuelve el estómago y me produce una angustia terrible. Lo único que quiero hacer en este momento es correr hacia él y quitarle todo eso, tomarlo entre mis brazos y decirle que todo estará bien.
Mis ojos están tan fijos en él que no noto a Simon hasta que me habla. Hacía mucho tiempo que no me llamaba así, “buba”. Era un apodo tierno que me había puesto cuando en mi infancia yo lo llamaba así.
Pensar qu