Priscila:
En verdad y con toda la sinceridad del mundo tengo que reconocer que la partida física del señor Abraham me afectó demasiado.
Era horrible el tener que vivir con la idea de que ya no lo vería más en ningún área del territorio o en la biblioteca, haciendo lo que más le gustaba hacer: Leer. El señor Abraham era amante de los libros y en algunas ocasiones me llegó a contar anécdotas y enseñanzas que obtenía de cada una de sus lecturas.
Estaba en mi habitación y sabía que está noche todo