Mundo ficciónIniciar sesiónVolvimos a cambiar para pasar la noche, porque no había espacio para todos en los carromatos. Me echaba con Mora frente a los últimos rescoldos del fuego cuando Artos se nos acercó con una expresión seria inusual en él.
—Oye, Mael, necesito tu ayuda —dijo sin rodeos, indicándole a Mora que no hacía falta que nos dejara a solas—. Por más que Alanis se niegue a reconocerlo, su territorio dista de ser seguro. Hay hu







